martes, 25 de junio de 2013

¿Sabe usted qué es la Marea Terrestre?

No se apresure a responder. Muy probablemente habrá pensado que me refiero a las mareas que se producen en los mares y océanos del planeta Tierra.

Pues no, no me refiero a eso. Pero no se sienta usted un ignorante paleto por no saberlo. En la vida todos somos estudiantes.

Hoy se conoce que al igual que las aguas de los mares y océanos son afectadas por la fuerza gravitatoria de la Luna y el Sol, también la tierra firme sobre la que se asienta seguramente su hipoteca, sufre el mismo efecto.

Pero hay “ilustres profesionales” de la geología que ayer mismo habrían discutido con usted acaloradamente por “creer en estas tonterías místicas”, queriéndole hacer entender, desde la geofísica, que los efectos provocados por la fuerza gravitatoria de los astros es insignificante para la dinámica telúrica.

Hasta Wikipedia “hace el honor” de dedicarle dos líneas dentro del capítulo de Marea:

“Las fuerzas de gravedad que provocan las mareas de los océanos también deforman la corteza terrestre. La deformación es importante y la amplitud de la marea terrestre llega a unos 25 a 30 cm en sizigia y casi 50 cm durante los equinoccios.”

Earth Tide
En la versión en inglés de la misma enciclopedia digital indica algo más, pero incidiendo sobre todo en la importancia de los efectos del fenómeno para el correcto ajuste y calibración de las lecturas de los sistemas GPS y del sofisticado acelerador de partículas CERN. Solo al final sugiere el link “earthquake prediction”, en el que explica varios métodos de predicción entre los que brilla por su ausencia el que me ocupa: el provocado por las variaciones cíclicas de elevación de las placas tectónicas.

Las variaciones de fricción entre placas en las zonas de subducción por el efecto gravitatorio de algunos astros es, con toda seguridad, una de las consecuencias de la Marea Terrestre.

En el interesante trabajo “Tidal Modulation of Nonvolcanic Tremor” publicado en Science en el año 2007 (sugerido en un comentario del blog), se intentaba explicar con un punto de vista diferente la influencia lunar en la zona de Vancouver. (Coincidencia de la pleamar con el aumento de “ruido” entre las placas Juan de Fuca / Norteamérica). J.L. Rubinstein, M. La Rocca, J. Vidale, K.C. Creager y A.G. Wech trataban de relacionar el aumento de masa oceánica en la pleamar sobre la placa Juan de Fuca, con la evolución de los terremotos de movimiento ultralento en esa zona.

En las conclusiones dejan “una puerta abierta” también a las mareas terrestres, no solo a las oceánicas. Algo perfectamente lógico, pues en el caso de placas “pequeñas” como la de Juan de Fuca, la fuerza de atracción que hace la Tierra sobre el efecto de aumento de masa en pleamar es superior a la fuerza de atracción de la Luna sobre la misma placa, al ocupar el aumento de sonda la placa en su totalidad. No así en placas grandes (Pacífico) donde su superficie es mucho mayor que la longitud de onda de marea.

En el estudio anterior solo falta que se incorpore el efecto de marea terrestre de la placa Norteamérica sobre Juan de Fuca, y el establecimiento de puerto de forma adecuada para unos resultados más precisos.

El rango de fuerza gravitatoria respecto a la Tierra de algunos astros del Sistema Solar puede llegar a ser:
¡Qué perturbadora puede llegar a ser una pequeña piedra dentro del zapato!

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